Escribir cualquier cosa es la segunda mejor opción. La primera, callarse.



jueves, 18 de marzo de 2010

Lorito Lorito


La semana pasada durante una cena surgió, como ya es costumbre en los días que corren, hablar de Facebook, y en consecuencia de los grupos. "Ah sí, lo vi en el Facebook" es una frase tan habitual como lo fue hace un tiempo aquella de "qué me estás contando!".


Durante esa cena, Iago me dijo: "Tienes que dedicarle un grupo al lorito del Cantón". El lorito del Cantón era un lorito que estaba en una tienda de muebles, que los de nuestra generación, al menos, no recordamos abierta. El lorito en cuestión (al parecer realmente se trataba de un papagayo, pero como dijo Pablo, di tú "papagayo" a un niño y no tendrás nunca su atención) se pasaba el día comiendo pipas y aguantando impasible los golpetazos en la ventana junto a la que pasaba los días.


Pues bien, abrí el grupo bajo el nombre de A mí también me llevaban a ver al loro del Cantón, y lo que empezó siendo una coña de cuatro, se ha convertido en pocos días en un recuerdo de más de 200, que comentan con nostalgia como sus padres o abuelos les llevaban a la ferrolana calle del Carmen a ver el lorito.


Hace años, muchos años, que cerró la tienda (ya ha habido un Telepizza, una cervecería y la actual Bodega del Cantón) y desde entonces nadie ha vuelto a ver al lorito ni qué sorpresas le deparó su entonces futuro.


miércoles, 17 de marzo de 2010

Censura



Cuando veo películas no soy nada exigente. Me pasan desapercibidos los fallos de raccord (con la excepción de los de Pretty Woman, que hasta un niño miope como Pío Pío Lope, el pollito, apreciaría) y hasta los de argumento. Podría estar viendo a dos mil soldados romanos con reloj Casio, mientras sobrevuela un avión de Ryanair la escena, que ni me entero. Ahora bien, no puedo con la comedura de tarro que me producen los viajes en el tiempo en las películas y SOBRE TODO, con los pantalones de Hulk, cuando se convierte en ídem. Me resulta insuficiente que se queden en unas bonitas bermudas y que mantenga el cinturón... es que me hacen perder la trepidante acción!!!

lunes, 15 de marzo de 2010

Gatos


Éste es Óscar, el gato precog.
Predice la muerte en un geriátrico estadounidense. Conocí su existencia ayer, en el programa de "Cuarto milenio".
Cuando un anciano va a morir, Óscar se acerca a su cama y allí se acuesta. A las dos horas, el anciano muere.
Hace un gran servicio, porque así pueden avisar a sus familiares y éstos pueden despedirse.
Su precisión científica causa un gran revuelo en la comunidad ídem. Han concluido que el gato "huele" la muerte.
Como invitado estaba Sánchez-Dragó, por todos conocido su amor a estos animales y su gran disgusto cuando murió su gato Soseki. Entre las historias que contó, todas ellas con tal cantidad de datos y nombres que me perdí en innumerables ocasiones, me pareció entender que uno de sus gatos se despidió de toda la familia ante la sorpresa de Dragó que no entendía por qué actuaba así el minino. Hora y media después, de forma voluntaria, el gato se subió a un montacargas de la casa del escritor y murió al caer éste (el montacargas, no el escritor) con el fin de, según palabras de Dragó, alertar a la familia sobre la peligrosidad del aparato.
Todo lo que contaron acerca de la telepatía y demás de los gatos, hizo que me entrasen unas ganas enormes de tener uno en casa.
Esta mañana se me han pasado.
Conclusión: no hacer nada que se te ocurra hacer a las dos de la mañana.

domingo, 14 de marzo de 2010

Comunicando

Lo bueno de tener un blog, es que es de publicación ilimitada.
Lo malo es que tiene unas normas que desconocía! parece ser que sirven para comunicar!
Así que voy a comunicar.
Comunico que existen dos blogs estupendos que comunican información:


El de María Alba, de belleza y moda. Donde se pueden encontrar cositas muy chulas... de belleza y moda, como su propia sinopsis indica, así, sin trampa ni cartón: http://misalondebelleza.wordpress.com/



La Guía Barriguitas te aconseja recetas y sitios chulos para ir a comer (de momento en Madrid): http://guiabarriguitas.blogspot.com/



Cuestión de palas y pelotas




Ayer, durante una cena, alguien dijo: "Me apunté a paddle". Esta frase, a día de hoy, es de lo más habitual, ahora bien, la que no lo es tanto fue la pregunta de S.: "El paddle qué es, ¿lo de la raqueta con agujeros?".

Me atraganté con la carne y no pude evitar mostrar mi sorpresa ante tal desconocimiento... para mitigar un poco mi numerito, conté la historia de cómo hace quince años en Alcampo, sección deportes, me pareció una genialidad que aquella pala de playa que tenía ante mí tuviese agujeritos para evitar la resistencia del aire!!... y quise comprarla aunque costase 100 pesetas, y al lado, sin agujeros pero con pelota, estuviesen dos por 125. Así que busqué la otra, y no había otra igual... dónde estaba su compañera?? por qué sólo había una?? Preguntaré al encargado, me dije... pero al girar el mango donde estaba la etiqueta del precio vi que había un cero más! 1000 pesetas!! la dejé! hábrase visto tal desfachatez! Pasaron años hasta que me enteré que no eran palas de playa.

Así que la conversación siguió con S. y M. por el mundo de las palas de playa. Las de madera, sin agujeros, que vienen en una red y con una pelota fosforita. Esas palas que reúnen las siguientes características:

-Para mayor sujeción del mango les ponen una grapa. Dos. Una por cada lado.
-Para mayor seguridad, una pulserita de plástico, que te va cortando la circulación en cada giro, y que, años después, fue fuente de inspiración para que no saliese disparado contra la tele el mando de la wii.
-Para mayor agarre, en el mango trae un sistema de cinta adhesiva negra que viene preparado para que, con el uso, vaya soltando pegamento y que el jugador y la pala sean un solo ser. Hay casos, en los que la unión fue tan fuerte que la persona abandonó la playa con la pala en la mano, y todavía viven juntos y felices.

Mención especial merecen las pelotas.
La pelota que viene con las palas es una pelota delicada, suave y ligera. Y tímida. Siempre se esconde. Y es buena haciéndolo. Acaba por desaparecer. Y entra en escena, la pelota amarilla fosforita. La de tenis.

La pelota de tenis tiene poderes: acaba transformando a la pala de playa en un abanico. Pero aún así el ser humano es cabezón y quiere seguir jugando a las palas con un abanico. Y como el abanico no es buena cosa para jugar a las palas, el ser humano intenta convertirlo de nuevo en pala utilizando cinta aislante negra o una grapa nueva. Sin embargo sigue utilizando pelotas de tenis, hasta que la pala abanico sale disparada hacia la cabeza de tu contrincante, o, en el mejor de los casos, al suelo, y en la mano te queda, pegado, impertérrito y lleno de arenas, el mango.